lunes, 3 de octubre de 2016

Caliente...Amargo...Fuerte...Escaso: - ¿CAFÉ? No gracias.

 

     Las fronteras del valle donde yo nací son enormes montañas llenas de bosques de pinares preñados de café. Entre pendientes y barrancos, la niebla y las lluvias crece un arábigo de altura al que no le falta de na. Quienes han disfrutado del verdadero grano cimarrón, saben de lo que hablo.  El olor del café recien colado me fascina, pero del café, caféééé, de ese que yo veía llegar a casa en granos multicolores y que mientras ayudaba a despulparlo me los iba metiendo en la boca para comerme la escasa masa dulce que había entre la corteza y el grano, ese que se secaba en bandejas al sol y se tostaba en un caldero prieto de puro aluminio y que me dejaba los dientes negros porque hasta tostado, caliente y pegajoso me los metía también en la boca para saborear esa mezcla de azúcar quemada y café, hablo de ese grano que se hace polvo entre la masa y el pilón o en un molino. Sí, hablo de ese que viene directo del monte al vaso sin perder su esencia y  no del café racionalizado, adulterado, enchicharado y empaquetado como si fuese pasto seco para el ganado que les vende el gobierno a la mayoría de los cubanos de a pie, de ese mejor ni hablar porque se me agotan las palabras tiernas.
   Y así como el olor a tierra mojada me lleva hasta el umbral de la puerta de mi casa en unas de esas tantas tardes de mayo con espectaculares aguaceros; el aroma del café acabadito de colar me pone sentadita frente a mi abuela en un taburete recostado a la pared mientras voy disfrutando del arte con la que con una mano meneaba la cuchara para ir ahogando el polvo del café en agua hirviendo y con la otra acercaba el jarro para zambullir casi completamente la ubre de tela en un intento de atrapar todo el aroma se su colada. Y  como una maestra de orquesta, hacía su propia armonía natural entre el empinao, la cuchara, su jarrito y el chorrito haciendo espuma mientras se escapaba la música en forma de aromas y sensaciones. 
   No tomo café, nunca pido un café, nunca digo "¡Hay si quiero! cuando me brindan café. Muy escasamente cada tres o cuatro años cuando voy a Cuba y en mi casa o en familia,  suelo meter en un jarro pequeño galletas duras y restos de ese último chorro con un sabor casi moribundo pero bien caliente de agua clara de café colado. En un intento de acercarme a mis orígenes, engullo con nostalgia mi galleta con el adúltero café y miro en los ojos de mami una fosilizada resignación  del no remedio, de lo inalcanzable, de lo casi imposible y lejano que ha quedado nuestro legítimo café, hoy empaquetado, emperifollado y alejado de nuestros paladares. Ja Ja Ja Ja... sé que es una locura no disfrutar de tan singular y corta bebida única en su especie, pero es que esta es una de las verdaderas relaciones que tengo con tan apreciado consumé. Mami se acostumbró tanto al café de la bodega, que cuando prueba un buen café lo encuentra amargo, intenso y agresivo a su paladar. Y yo, ni hablar, en algún lugar entre los granos multicolores y las cápsulas  multimarcas mis papilas gustativas perdieron el interés. Solo puedo decir que me encanta su olor, me encanta su color,  incluso me fascina todo el ambiente que genera la espera y las reacciones tras los primeros sorbitos de un café, pero que te aproveche y lo disfrutes, yo lo siento, gracias, no tomo café. 

  -.Emnis Campos Calzado

     

jueves, 25 de agosto de 2016

"La Escritura"




Era la época bruta de la piedra y el palo,  y entre simbólicos surcos y frescos rupestres
nacían los primero y más arcaicos trazos que inmortalizaron momentos  para recordar.  
La necesidad de comunicar algo que perdurara en el tiempo, de demostrar nuestra imaginación y verdad, se hicieron patentes por los siglos de los siglos.  Las tablillas de Tartaria, los jeroglíficos  sobre piedras y  los papiros egipcios, fueron  los primeros soportes de un puente que haría camino por el mundo  a lo largo de la historia, bifurcándose y encontrando  nuevas formas de interpretación para el que llegó desde muy lejos. 
Los siglos  se encargaron de moldear  los trazos; unos encontraron suavidad en la escritura, otros exquisitos formatos  regionales y así, la larga tela de araña que comenzó siendo una raya, se fue enredando en el tiempo para hacer de cada nudo un dibujo, donde unos veían números otros veían símbolos y casas. Y así, separadas y dispersas llegaron a nuestro siglo con tejidos diferentes, pero con significados comunes para  enlazar palabras que describen objetos,  sentimientos, acciones.
Ellas, las letras,  enriquecidas con todos los elementos y experiencias necesarias empezaron a atesorar historias, se combinaron entre sí para ser más fuertes en las oraciones, los párrafos, las prosas y los discursos, y se atrincheraron entre las páginas de un libro para ser invencibles y eternas.
Ellas tienen el poder, son dueñas y señoras de toda nuestra historia y nuestras vidas, deciden sobre nuestros sentimientos. Las más puras son sinceras y las más falsas traición.
En el cuerpo de una letra puede haber tanto vida como muerte. Una letra puede dar oxígeno o arrebatarte el aliento. Ellas tienen  la facultad expedita  de la oratoria que cambie el mundo que nos rodea  o el discurso que lo destruya, son el contingente del todo y sin ellas, seremos solo mímicas y muecas.
Ayúdanos a que las letras siempre estén a buen recaudo, a que  la fuerza de sus lazos sirva para unir, no para separar, para entendernos, no para incordiar, para recordarnos, no para olvidar.

-.Emnis  Campos Calzado
 PD.  Muchas gracias Jorge García por regalarme la idea  y dejar que yo la transformara.

martes, 16 de agosto de 2016


                            "No puedo evitar desear ese aire que te sigue a todas partes"
      

 
 






"Un poeta enamorado de tus ojos"


Érase el poeta sepultado en rectángulos de papel,
era todo su espacio y allí aguardaban apretadas sus ganas
en un único y estrecho remanso que se abría a la esperanza
y detrás de él, oradores osiosos, filósofos amodorrados y la muerte sedentaria.
Era el poeta con toda la tinta y dedicación
aferrado en perpetuar lo que pasó  con una caricia
que le dieron en los entrantes de su ternura.
Ya había discursado sobre la humedad de una selva tropical
y del brillo de los hielos perpetuos,
pero su pluma extenuada y la letra insensible
hablaban de dos esferas amazadas al estilo de Dios
y unidas para solo una mirada.
Anduvieron sus fuerzas ambientadas en muletas
ganando fama entre los incomprendidos,
mientras su pluma gris y prismas angulares
alumbraban el fin de su esperanza .
Y era el poeta ansiando la muerte
para librar un gramo su dolor,
pero contaba con un cargamento de estrellas
que con otro no pudo compartir,
y era el poeta apagando silencios
por aquel préstamo de sol aferrado al recuerdo.

-.Emnis Campos Calzado



jueves, 28 de julio de 2016

"El jardín de las delícias"


Y dejamos de ser tú y yo para convertirnos solo en un recuerdo de nosotros. Creamos nuestro propio jardín de las delícias, como si El Bosco nos mezclara en sus locuras y les dijera a todos que fuimos dos cuerdos despojados de sus miedos viviendo a fondo una delirante aventura de pura pasión sin más ataduras que el tríptico secreto que se cierra tras la pausa de las ganas, los deseos y suspiros, y del otro lado mirándonos, el mundo por defecto y nuestras vidas.
-.Emnis

lunes, 25 de julio de 2016

"Mis fotografías"

(1978)

   En mis cajones y álbumes de fotos guardo una mezcla de todos los tiempos.
Ese mismo tiempo que olvida, nos trae de vuelta disímiles recuerdos narrados en hojas de papel. Y es que el poder de una foto de antaño es la máxima expresión de los detalles de una historia que se escapa entre mis manos oliendo a lo que huelen las fotos viejas, a vainilla y cortezas de abedul.
   Y mientras el tiempo se transforma en recuerdos y el recuerdo visible lentamente desaparece, me va quedando tiempo para seguir navegando entre las fotos y hacer un viaje de ida  y vuelta al pasado en un segundo, una y otra vez.

(Mi abuelo Rafael Calzado, de pie y con sombrero, el primero a la izquierdade la foto. Reconozco a mi tío Chale y al tío Félix)

   Me doy cuenta que quedan frente a mí, solo fotos con el color de la imaginación y el recuerdo. Imágenes que van rescatando latidos del olvido e inmóviles personas que no duermen jamás. Fotografías que se vuelven inmortal y que ahora forman parte de simples biografías familiares con el único favor de generar en nuestro ser ecos de risas, de voces y de cantos. Un relámpago de luz y un disparo arrebatando miradas ingenuas, posturas, siluetas y encantos, para crear momentos que murieron tras la pausa y dejar la vida como en una dimensión detenida.  
   Fotogramas que pasan frente a mis ojos como si esas vidas atrapadas fuesen simples "déjà vu",
pero lo real, es que entre ellas, yo estuve allí, con bucles en el pelo y de costura en rojo con encajes blancos. Colores con tintes tan intensos que aún permanecen en mi memoria hasta que los destiña la muerte.

(1981)
 Y ahora, antes de que la celulosa se transforme y la lignina se esfume para siempre, me encuentro atrapando lo atrapado en un intento por salvar recuerdos de mis primos chicos, mis abuelos vivos y hasta la gente del barrio que ya ni siquiera recuerdo. He convertido a mi ordenador en una especie de barca de Noe intentando poner a salvo fotografías que me inyecten antídotos contra el olvido, y mientras las miro, hago indudablemente un increíble viaje entre el pixel y la analogía, ¡con tanta alegría!, que regreso a tantísimos lugares que me devuelven imágenes tan familiares y afectivas como si hubiese sido ayer que estuve allí. Mimar las fotos que a nadie más les interesarán y  que se perderán y desaparecerán con el pasar de los años, me dan al menos ahora, el poder de sentir aún trenta y cinco años después, el sabor de aquel pastel de mi octavo cumpleaños.
   Son todas ellas la magia del tiempo reunida en un cajón o en un ordenador, regalándonos todo lo que fuimos y que no seremos jamás. Trocitos de momentos insalvables navegando en mi retina y anclados a mi alma. Y aquí están, reliquias de la vida sobre el papel y otras que perdidas en la red, tal vez un día  emergerán como los restos increíbles de las torres de Babel.


A mis fotos, por todo lo que generan cuando las miro, con amor.


-.Emnis

miércoles, 22 de junio de 2016

"Amor y deseo en la distancia"

Duy Huynh 

Nos buscábamos con toda la osadía de quien descubre el mundo.
Escapando casi a nuestras vidas.
Devorándonos a ciegas sin dejar tiras de la piel que no tocaran las palabras.
Vaya manera de llenar ausencias,
a golpes de imaginación, que con ella, nada es imposible.
Nos buscábamos en silencio, entre gemidos prestados,
entre la fina cordura de una vida apacible.
Con los deseos drenando ganas.
Diluyendo la distancia a golpe de suspiros reciclados una y otra vez;
desesperados.
Nos encontrábamos entre minutos eternos de paraísos prestados, 
a cualquier hora, yo en mi futuro y él con diferencia, 
aún en mi pasado y sin embargo, al mismo tiempo nos amábamos.
Nos encontrábamos más allá de la física, 

donde la química conecta el alma con los cuerpos en paralelo pero en serie las miradas.
Y así una y otra vez nos buscábamos, nos encontrábamos y nos amábamos.


-.Emnis

martes, 14 de junio de 2016

Mi abuela Nora



Miro esta foto de mi abuela Nora  y mi mente se pone como en caída libre. Hace más de dos décadas que ya no cumple años.  Es posible que tampoco hubiese  llegado hoy a cumplir los ochenta y ocho, tal vez sí, pero quedó una dolorosa  posibilidad totalmente incierta.
 Llevaba días en esa curiosa posición pre-mortem, con la mirada enganchada al techo y  diluyendo lo poco que le quedaba de vida entre las sábanas blancas de aquel hospital, y mientras el cáncer se dividía y multiplicaba en su interior, su espíritu dejó de luchar y  abandonó  su física y enferma figura. Yo no sé si encontró alivio al final del camino, quiero creer que sí, pero mientras se fugaba involuntariamente hacia la muerte, nada ni nadie a su alrededor pudo retenerla, ni siquiera el amor de todos sus seres queridos. Me duele el día y me sigue doliendo el recuerdo de aquel instante. Empezaba así el primer salto base de mi corazón, directo al abismo del dolor y sin paracaídas, en picada, interminable, horriiiible. Fue uno de esos momentos que no se borran jamás, y que justo ahí, en esa porción brevísima de pérdida, empiezas a comprender que nada es para siempre, que aquello que más quieres no te pertenece, que somos vulnerables y que es muy fácil quedar a merced  de la despiadada y egoísta muerte.
No hay edad adecuada para perder a la persona que amas. La gente finge prepararse, pero no es verdad,  se sufre desde el momento cero, incluso antes de que nada pase, porque el pensamiento te lleva en algún momento de la vida a pensar en eso, en si sucede, en que jamás lo quieres, ¿pero... y si pasa? - ¡Dios, que fuerte!
   Mi abuela merecía morir a los 120 años y no a los 63. Antes de enfermar tenía entonces la misma edad que tiene hoy mi madre y estaba llena de mucha vitalidad. En su cara aún perduraban las huellas de un accidente que le provocó una fractura en la mandíbula, pero era un bello defecto que la caracterizaba por una sonrisa especial y una expresión de fuerza y nobleza a la vez, que era difícil no amarla con tan solo una mirada. Pilar de una familia numerosa que crecía  revuelta, pero unida en torno a su vida. Era la matriarca de un clan familiar que llevan más rasgos de ella que de mi abuelo, y no faltaban nietos para entretenerla un rato, y aún así era intensa con todos y cada uno de nosotros.
   Quedarnos al cuidado de mi abuela mientras mi madre  trabajaba, era como estar en un cole sin perímetros ni  reglas, pero con una permisibilidad controlada,  y aunque delante de su naríz mi primo perdió dos dientes, mi hermana mudaba una vez más el pellejo de su maltrecha rodilla y yo me precipitaba por un agujero a más de tres metros, al final de la jornada terminabamos todos sentados, bañados, remendados, peinados y listos para la repratriación familiar como si nada hubiese pasado.
 Verla cada día era una bendición. La abuela era como un regalo en forma de ángel sabio ante nuestros ojos, y pese a que no encontró la cura para su cáncer, tenía remedios para todo y para todos. La recuerdo invocando a los santos mientras hacía cruces en mi panza, me recomponía el estómago con masajes en las piernas o me quitaba la picazón del cuerpo con mejunjes  de romerillo. Sus manos santas curaban erisipelas, malos augurios y hasta dolores de muela. Pero lo mejor estaba en su alma, porque con su bondad, curaba también desamparos, rechazos y soledades. Su infinita generosidad  hicieron de ella una mujer piadosa y quienes a su lado buscaron  ayuda, encontraron  lo mejor del ser humano.
   Su muerte seguirá siendo el flash que me deslumbre el alma por momentos, pero en mis recuerdos, toda su vida perdurará como una hermosa y eterna instantánea  que nunca envejecerá.

Por el recuerdo de mi abuela, con amor.

-.Emnis
   
  






martes, 7 de junio de 2016

"Eternas ganas de amarte como eres"


Quizá pienses que nadie te quiere,
que nadie suspira sintiendo tu olor ya cerca, ya confundible.
Puede ser que creas
que con tu pasar de huracanes
solo hayas cultivado enemistades, vícios, picardías,
experiencias amargas y regocijos malvados.
Que solamente merezcas comentarios indigestos
y chismes con labios apretados.
Así, así como tu vecina,
la que tiene el marido alcohólico
y su hijo mayor cumple cárcel por actos de terrorismo.
Mas por sentado que te odien,
que te odien por liberal, por joven,
por desparramar risas y tararear canciones de moda,
por esconder tristeza tras la más pequeña y dulce de tus miradas,
por responder con una sonrisa al piropo de la exconvicta
que vive en la esquina.
Es verosímil que no creas en los santos,
que ni siquieras leas la Biblia que tanto manoseaste
y que ahora se pudre en un rincón
sinvindo de pasto a las polillas.
¿Mas, de dónde vendría yo?
¿De qué raza degeneré?
¿De cuál de las doce tribus de Jerusalén me expulsaron?
¿De qué cataclísmo salí ilesa, si no te amara como te amo?
Si no llegaras como un rayo trastocando mi cara cual "Estatuas de Pascua"
en la más plácida actuación  de una de las caricaturas de Walt Disney.
Si no terminara mi carrera de hierbas y fango,
de hormigas y bananas con velocidad cósmica
para correr donde tu fuerza, tu presencia, tu experimentada voz,
voz sobre andamiaje sabio,
andamiajes con vigas de vivencias y tornillos de moralejas.
¿De qué virtud me podría vanagloriar
si no fuera la de encenderte un cigarrillo
o darte mi opinión quijotezca en tiempos de sequía en tu alma,
o en momentos de presencia de esa infertilidad
que a veces nos aqueja la conciencia?

Yo, de las dos, la menor,
que miramos durante nueve meses
las pinturas rupestres de una misma caverna,
pero en tiempos disímiles;
no tengo que acudir a sortilegios,
no tengo que recurrir a magos, hechiceros,
ni al señor de los anillos, para lamer tu culpa,
para extinguir las fuerzas que escaparán tus juegos
y gritar, no con voz, no con alaridos, ya no con palabras,
sino con mi presencia, mi paciencia y mi fuerza.
Para repeler con manos atadas
y poner en juego hasta la geografía de mi rostro,
para torturar a quien te golpea,
para vocear a quien te hiere,
para mofarme de quien te critique
y para dar a probar del amor
a quien te envidie.

-.Emnis


miércoles, 1 de junio de 2016

"No es casual"



      En un mundo lleno de posibilidades, 
que tú fueras parte de mis deseos
no fue una casualidad.
    Fue la consecuencia de nuestras vidas 
     viajando en paralelo 
y que encontraron sensaciones comunes  
en un mismo punto de encuentro.

 Bastó un segmento de distancia 
y dos cuerpos en el mismo plano, 
dotados con la capacidad de amar, 
para encender esa chispa de la vida una y otra vez.
 Electricidad saliendo por la punta de los dedos, 
buscando  intensidad de carga en polos opuestos, 
y sin tocarnos, prendió la chispa 
que quemó la carne y encendió mis huesos.

En un mundo repleto de muchos, 
fuiste tú, precisamente mi todo,
y no fue una casualidad.
Fue una mirada lanzando intensiones
sobre tu calma 
y en el encuentro dos cuerpos repletos
de intensiones y ganas.

-.Emnis
 
   
  
  

viernes, 27 de mayo de 2016

"Yo también estuve allí"



    Me basta con cerrar los ojos y el espacio-tiempo se pliega frente a mi para escapar a través de un agujero de gusano y retroceder a una velocidad espectacular hasta verme sentada en aquella banqueta justo detrás del cristal bajo las faldas de una húmeda montaña y alejada de todos. En un exclusivo coto verde olivo en las entrañas de la tierra y mirando a Cuba de una manera diferente pasé meses persiguiendo escrupulosamente pájaros de metal.
   No existe en mi vida la más remota posibilidad de que vuelva a estar allí otra vez. Aquello fue un alto en el camino, un paseo voluntario que disfruté con mucha entrega para persiguir mis metas. Una etapa aprendiendo a escribir al derecho y al revés, memorizando minuto a minuto coordenadas, números y alturas, dibujando a ras del suelo a los nuestros y también a los intrusos, y siempre con el miedo a equivocarme porque aquello no admitía errores. Muchas veces mirando al norte con  intriga y hasta en algunas ocasiones deseando al impostor, para poner nervio y acción a noches interminables y aburridas. Yo estuve allí, justo detrás del cristal, tomando notas y a veces creyendome importante.
   Mi vida de estudiante fue una lucha constante contra las notas mediocres, mis padres exigian relevancia y sofisticación y llegar a casa con notas por debajo de la excelencia se traducían en horas extras de estudios, vedados programas de televisión y restringidos horarios de juegos. Sacar buenas notas era la prioridad, pero pese a todo aquel sacrificio, y pese a mis relevantes notas, los números no fueron suficientes para incluirme en las ofertas y me quedé con ganas de haber estudiado medicina a la primera. La meta era esa, ser médico. No quería ser enfermera, ni arquitecta, ni licenciada en filología inglesa, ni ingeniera, ni abogada, "médico, médico, médico" era la palabra mágica, el pasaporte a la realización de mi utópica vocación que deseaba hacer realidad...Y entonces, ocurrió lo inesperado; la niña estudiosa de mamá y papá tenía una meta: Vestirse de blanco y colgarse un "esteto" al cuello, y sin variar mis prioridades, mis sueños, mis metas, juré vestirme de verde y colgarme un fusil al cuello para pelear por lo que más quería, ser médico, con bata blanca y esteto al cuello. Y así fue, decidí mezclar tonalidades para ponerle colores al drama y dar con mi favorito. Mis padres cambiaron de color, ni blanco, ni verde rostro, morados se quedaron, morados cuando les dije: "No voy a la univesidad a estudiar algo que no me gusta, me voy al Servicio Militar Voluntario Femenino y haré todo lo posible por hacerme médico, lo tengo más que decidido." Y morados siguieron hasta el día en que por fin ingresé a la universidad para estudiar, y como la vida militar me gustó tanto, estudié Medicina-Militar... jajajaja. El verde me entusiasmó tanto que me quedé bicolor.
   Volviendo a la plancheta y  es una pena que no tenga yo fotografías de aquella época, pero es algo así como esto para que se hagan  una idea:


Las fotos las tomé prestadas de internet. Escriben mujeres "planchetistas" sólo aparecen cuatro fotos referente al tema, fotos adjuntadas a artículos de la prensa cubana que hablan del papel de la mujer en la defensa del país, pero nada más. Y allí estuve yo, "defendiendo al país", vestida de blanca por dentro y verde por fuera, mirando desde la parte de atrás de un cristal a oficiales que sí decidieron ser verdes para toda la vida. Traduciendo datos temporales, escuchando al derecho y escribiendo al revés, y hacia la izquierda, contra toda mi lógica, visualizando doblemente la imagen, creándome un espejo imaginario que me hiciera ver que lo escrito estaba en el punto exacto, legible y correcto: - "00 (pausa) 002235 (pausa) 2235** 4101** 11/50** 17:51 , son códigos que aún pululan por mi cabeza. 18 minutos después una sirena rompía el silencio de toda una unidad militar anunciando a un intruso que no pidió permiso para pasar. Cinco minutos después tras una ((( ¡Pocisión Uno! ))) Sobre nuestras cabezas, una pareja de pájaros cazadores rompiendo la barrera del sonido viajaban como flechas anunciando al enemigo que no estábamos dormidos y que les estábamos cazando.
   Sí, yo también estuve allí, era planchetista en una unidad de la Defensa Antiaérea de las Fuerzas Armadas, enfundaba traje verde pálido y de mis hombreras solo colgaban señales de soldado raso.
   Para entonces, había que tener mucho amor propio y coraje. Ser mujer en las F.A.R. aunque fuese voluntario, implicaba armarse de valor moral y saltar los muros de la ignorancia, los asedios, duplicar hormonas y demostrar valía. Empezar una vida militar sin haber pasado por las esclusivas Escuelas  Militares para la formación de los futuros oficiles, conocidas como "los Camilitos", era ser de la clase pobre, de los fracasados, de los suplicantes que buscaban segundas oportunidades; pero na, me crecí como si llevara grados de general, me gané el camino hacia mi carrera y  rumbo a la meta, entre tantos corredores, incluyendo a Camilitos, llegué también yo. Cargada con los mejores recuerdos y la dicha de haber estado allí donde my pocos han podido estar.

-.Emnis Campos Calzado

  

 
   

miércoles, 11 de mayo de 2016

"Mami"


    Se llamó Milsa hasta que un error en el registro de identidad, hace unos años, le cambió el nombre por Mirsa; pero eso me da igual, yo la conozco por "Mami".
    Las veces que la he llamado por su nombre han sido en contadas ocasiones cuando le he gastado una broma al teléfono haciéndome pasar por otra persona y le he preguntando por ella, pero detrás de la intriga por reconocerme, me llega la risa floja y me descubre, y como si toda la alegría del mundo se apoderara de ella, me dice:
- ¡Neeena, pero que alegrííía!
Y entonces me vienen las palabras más sencillas del mundo que estoy segura le acarician el alma:
 - ¡Si Mamiiiita ,soy yo ! Y al momento la escucho reír. Y cuando eso sucede, me siento la persona más feliz y afortunada sobre la tierra.
   Si me pongo a resumir aquí sus méritos, sus virtudes, su valor, su integridad, su bondad ante la vida, y su infinita caridad, no me alcanzaría una eternidad para contarlo. Ser mi madre ya la convierte en la heroína de todos los tiempos. Ella ha sido el patrón de mi vida y en el intento de imitar sus pasos me he dado cuenta que mujeres extraordinarias son inimitables, así que no me ha quedado otra que seguir en mi papel de "La hija de Milsa"
   Machete en mano la recuerdo miles de veces, no hay matojo que se le resista. Fíjense si es así que la última vez que vino a España, me trajo un machete, sí, como lo oyen, por la aduana de Barajas se coló un machete de casi un metro, jajajaja. Ella dice que no hay tijera de podar que se compare con un machete, pero que va, yo sigo con mi tijera porque no tengo ni la mitad de la fuerza que tiene mi madre para empuñarlo y de un sablazo arrancarle de cuajo un gajo al eucalipto del patio.
   Mi mamá fue maestra, administradora de una gasolinera, oficinista de una empresa de transporte, económica de correos. Ahora ya está jubilada,  pero mientras todo eso pasaba, la vida y sus necesidades la hicieron zapatera, modista, costurera, artesana, comerciante, albañil, carpintera, electricista, cocinera, en fin... ama de casa y ahora abuela. Un camino plagado de haberes, de pura acción, de circunstancias y finales, que basta  mirarle las manos para descubrir su historia.
 ¿Cómo no amar con devoción a una madre que por encima de todos los problemas, los imposibles y  las dificultades, aterrizaba en la Habana en mitad de la madrugas con dos maletines y una caja repleta de arroz, frijoles, carne congelada y viandas?  Yo gritando S.O.S. a 800 km de su casa y en menos de 12  horas, una vez, hasta trasladando a un muerto que no conocía de nada, llegó a orillas de mi cama para secar mis lágrimas. Hoy cuando recordamos esta historia, con los años aún reímos y al mismo tiempo terminamos llorando.
   Me habían operado por segunda vez, de nuevo un S.O.S. a 800 km de la casa, pero en esta otra odisea perdió en un taxi camino a mi escuela, una caja de cartón llenita de comida. Nosotros, los del  oriente del país siempre que viajamos Cuba de un lado a otro si no llevas comida en abundancia, nos corroe la pena, y no hay maletas como aquí, por eso las cajas... Bueno era de noche y en la Habana y cuando se dio cuenta de su paquete perdido, rauda  se dispuso y anduvo la Habana como Eusebio, y  horas después como el que regresa de una guerra con la victoria plasmada en la cara, abrazada a su cajita, me dijo: - ¡Fui a dar a Alamar, pero aquí está la jama! No sé cómo lo hizo, pero la encontró.


   Esa es mi madre señores: Una sucursal del FBI, una experta en búsqueda y captura, ojo de halcón que todo lo ve, una radar para medir las cosas al vuelo y calcular el rumbo de una tozudez que terminará en desastre. Mami es una especie de un "todo en uno" en una era y país donde nada está incluido.  Basta decirle: - ¡Mamita te necesito! Y no importa el cuándo, el cómo y el dónde, sencillamente como por arte de magia ahí está, y la miro y pienso: "Joder, esta madre mía es como un sherpa subiendo el Everest, no se fatiga y llega sonriente y feliz", y justo después le digo: " Mamita eres la mejor del mundo, como tú no hay dos"... Imposible no amar a una mujer así.
    La mami de la casa, la mami del barrio, la mami de miles de amigos, mami de todos los tiempos. Dibujarle jeroglíficos con la mirada no te vale, te descubrirá al momento. Ella antes de ser madre fue mujer, fue hija, fue adolescente, no le valen las mentiras.
   Mujer de la montaña al llano, de la isla al continente, mujer de la vida, de la tierra, espero que el cielo espere una eternidad para tenerte, porque te necesito aquí, por siempre.

                 " A mi madre. En vida y ahora, para que sepas lo mucho que te admiro y quiero."

-. Emnis Campos Calzado.

 



   
   
 
 
 

martes, 26 de abril de 2016

"Momentos para toda la vida"

   

    Si tuviera la posibilidad de volver al pasado, regresaría justo al día en el que se hizo esta fotografía. Ese día fuimos de visita a la casa de mi abuela y allí estaba toda la pandilla de primos, también amiguitos del barrio, mis tías y mi madre junto a mi abuela Nora. La foto la encontré en un cajón que guardaba mi tía Mirna, que por cierto le borró la cara a sus tres hermanas, entre ellas está mi mamá, fue una época  en la que no se llevaban muy bien con sus hermanas y quiso borrarles las caras, "cosas de familia". Yo me veo muy alta, estoy a la izquierda de la foto en la segunda fila, delante de mi tía Gladys que tiene un pañuelo en la cabeza, seguro que yo estaba encaramada encima de algún cajón porque no era ni por asomo de ese tamaño.
   Mi padrastro siempre cámara en mano captaba muchos buenos momentos de nuestras vidas, pero sin dudas, los días de ir a visitar a nuestra abuela y la familia, lo recuerdo de manera muy especial.  En un barrio llamado La Pedrona,  donde la calle principal era un camino real polvoriento y pedregoso, donde hasta el perro que pasaba levantaba el polvo del camino. A orillas de la calle y en el poco espacio del patio delantero que separaban las casas de la vía, allí jugábamos, hablábamos y corríamos como si aquello fuese un campo de futbol en medio del paraíso. Épocas donde todos los primos éramos pequeños y donde todos los espacios nos parecían enormes aunque midieran cinco metros cuadrados.
   Vivimos muchos años en ese barrio, las primeras casas que veías a la entrada a la izquierda eran la de mis tíos y primos, la nuestra y la de mi abuela. Todas las casitas eran de madera, cada una con olores diferentes. Yo recuerdo que la casa de mi Tía Gladys olía a café tostado; ella  trabajaba como jornalera recogiendo café en las montañas de Mayarí, la mujer tenía un motor en cada dedo y acopiaba tanto café en un solo día, que del tiro la hicieron vanguardia nacional y fue a dar a la antigua Unión Soviética unas vacaciones. En aquella época tener café fuera del racionamiento no era tan delictivo y ella se traía a casa unas cuantas libras de granos de café que luego repartía entre la familia. No me gustaba tomar café, ni tomo, pero aquel olor que desprendía el humo del café tostado era la gloria.
   En cambio la casa nuestra olía a madera seca, a suelo recién mojado, a brisa  que transportaba el polvo que nunca llegaba al suelo porque mi madre era una obsesa  de la limpieza. Recuerdo que las paredes de nuestra casa tenían la madera más pálida de jamás vi. No estaban pintadas, y cada semana como el que se mete debajo de una ducha, mi madre a golpe de manguera bañaba la casa  desde el techo hasta el suelo y el agua corría y se extendía por todos lados. Olor a limpio, a sábanas soleadas, a jabón de tocador, un olor neutral casi estéril, así como cuando subes a una montaña y en la cima inspiras aire puro, así, así olía mi casa.
   La casa de mi abuela, Mmmm que rico... El olor de la casa de mi abuela aún está en mis poros, era el olor de la familia reunida, del pilón y el café recién colado,  de la galleta y el pan guardado, de cortinas batiendo al viento, era nuestro jardín de delicias. Un lugar ameno donde la presencia de mi abuela obraba milagros. Era el lugar de partida y llegada, nuestro edén  terrenal donde los mayores esparcían sus penas y nosotros, los más pequeños, despreocupados jugábamos sin limitaciones y con encanto.
     El tiempo fue pasando y según crecíamos, los espacios se fueron haciendo más pequeños y solitarios. Los amiguitos nos fuimos dispersando, alejando, desapareciendo. Cuando mi abuela nos dejó, la casa dejó de oler a ella; la madera fue sustituida poco a poco por el bloque y el cemento y ahora para recordarla no me queda más remedio que cerrar los ojos y olerme la piel.
    La Pedrona sigue siendo un barrio casi congelado en el tiempo, el camino real sigue igual de pedregoso y polvoriento. Las voces de mis primos se agudizan ahora en progenitores cuerpos tras sus proles y ya nadie corre. Tatica creció, mi hermana engordó, Daniel cambió el taekwondo por la música y emigró. Mi padrastro se marchó con su cámara nikon y mi abuela murió, su pilón desapareció y el café dejó de oler a grano cimarrón y se mezcló.
     Regresé hace dos años al mismo lugar, esta vez con la añoranza aletargada y casi imperceptible, extrañando siempre en la distancia a mi abuela milagrosa, buscando en los rasgos faciales de mis tías huellas de su físico ausente. Definitivamente no está, esta vez el grupo para la nueva foto era pequeño y a los que no estaban los desempolvé de entre las fotografías para traerles de vuelta en mi visita y, sobre la antigua instantánea hice esta foto que traje conmigo para cargar con todos a quienes extraño siempre.
    Si la vida me concediera un deseo, volvería sin dudas al momento de esa foto en el jardín delantero en la calle 6ta, donde nos reuníamos todos y nadie estaba ausente.

-. Emnis


jueves, 24 de marzo de 2016

¿Qué hacer con el que piensa diferente?

   


   No espero un antes y un después tras cada reflexión que me planteo, pero me quedo con el gran alivio que siento al emancipar  mis ideas, esas que  renacen en esta otra etapa de mi vida y que ahora, gozando de total  independencia, les doy el privilegio de la libertad que nunca antes  tuvieron.
   Quienes me conocieron en Cuba supieron de mi carácter, de mis convicciones  y de toda aquella ideología en la que creía y defendía con creces, pero que hoy con marcada diferencia he optado por el cambio. Esto no ha sido cuestión de días. No bastó un abrir y cerrar de ojos para transformar mis sentimientos; por el contrario, ha pasado mucho tiempo y con el, etapas necesarias  en las que poco a poco he ido adquiriendo la capacidad de obrar por reflexión y elección propia hasta liberarme de lo que decidí ya no formaría parte de mi vida.
   Digo esto porque he visto y escuchado reacciones  significativas a raíz de la visita de Obama a Cuba, unas a favor, otras en contra y unas más mediáticas que otras. Pero también saltan a la palestra indignados que tienen sus puntos de vista en su desfasada convicción y que no por ello hay que lapidarles.
    En Cuba son muchos los que públicamente se suman al clamor de la independencia y la democracia, pero no son mayoría y los que se atreven a desafiar los micrófonos para expresar  lo que realmente piensan todavía no componen un verano. Pero también quienes sí se sienten identificados con el sistema en el que siempre han vivido no disimulan su orgullo y lo gritan a voces. Normal, espero que muchos de los que estamos del lado de acá, atentos a la crítica libre no hayan olvidado lo mucho que compartíamos los mismos ideales y lo difícil que se hacía y cuesta aún opinar lo contrario.
   Son tiempos de cambios, es verdad, la humanidad evoluciona a un ritmo muy acelerado, pero no esperen un milagro en Cuba tras la visita de Obama. Lo acontecido ha sido solo un permiso en la historia de la isla donde los más afortunados fueron los medios de prensa y las cámaras.
   Acertar cuando se critica a un sistema o convencer cuando se le defiende, es un juego de roles en el que quienes nos implicamos fallamos o no. Hablar de Cuba, mi país, es muy controversial. Hay muchas cosas buenas y otras malas y cada quien escoge con  cuál de ellas entretenerse. Muchos saben que para los cubanos de barrio adentro  la vida puede ser muy hostil, pero para ellos es una vida conocida, y sobrevivir en ella ha sido su única identidad cotidiana, así que cualquier voz de cambio es sacarles de su zona de seguridad y, llevarles a otra con mejor confort crea incertidumbre.  Pasa que hay quienes duermen toda una vida sobre el suelo y  acostarse en un colchón de plumas le puede parecer incómodo. Han sido muchísimos años viviendo bajo una fórmula muy estudiada y alterar el orden confunde al entretenido.
   Los listos aprovecharon su ingenio y  dieron el salto, felicidades por ello, pero los obedientes, que fuimos muchos (y me incluyo porque hasta hace unos diez años pensaba como la mayoría),  se quedaron en las filas de la eterna cola que aún les mantiene organizados. En Cuba hay mucha gente dispuesta a defender su identidad, una identidad muy enraizada en un pasado que les ha enseñado que no hay mejor camino que el socialismo. Un pasado proletario metido en sus genes que los alejó de cualquier pluralidad y en la que el gen dominante ha sido un partido político único con toda su hegemónica influencia en función de las masas, sin alternativas, sin otro rumbo que no fuese el que ellos se plantearon.
    ¿No sé por qué puede causar asombro el que una federada cubana critique el discurso de Obama o que un joven socialista defienda con total  parangón  su amada revolución socialista? Pero como sé que a lo bueno y a la libertad nos acostumbramos muy rápido y olvidamos ciertas cosas, voy a recordarles un tanto la memoria  para que  interpreten  y no se asombren del que piensa diferente.

  La Revolución Cubana emanó  de una Sierra Maestra conquistada por rebeldes, rebeldes que desde el minuto cero se pusieron a la vanguardia de todo y erigieron  “sin preguntar” la cima hacia donde  debía de ir encaminado el pueblo. Una guerrilla que impuso sus propias leyes siempre bajo el odio eterno al enemigo, una guerrilla resentida hasta el tuétano que irrumpió en nuestras vidas con el pretexto de salvarnos y claro, ante tal resurrección  no hubo tiempo a la reacción, los inconformes se fueron y los que  se quedaron, obedecieron y cooperaron con el naciente partido, quedando en tal deuda y tal voluntaria sumisión  que ignoraron el poder que le estaban confiriendo a los recién llegados.  Se forjó entonces un sistema tan colectivo y próspero entre sus miserias, que el que no exilió y se quedó en medio de su inconformidad, fue controlado, castigado y reprimido por la misma comunidad. La pobreza era tan grande y tan generalizada que la ignorancia sacó sus propias conclusiones y pensó que aquello era lo legítimo. Y así, se nos entregaron tierras y propiedades confiscadas de “los malos”, que  ahora cambiaban de dueño y que seguían siendo propiedades del estado en manos  de todos pero con el control estricto de ellos…  Un  “ Vaya, te lo regalo, pero no lo puedes vender, ni hacer lo que quieras con el.”
    Lo reconozco: Yo fui parte de esa masa preparada,  yo fui la célula replicada de mi madre que nació en el agar-agar  adecuado  aprendiendo a distinguir al enemigo y ayudando a replicarme entre los equivocados para anularlos y sumarlos.  Para nadie es un misterio que  a cambio de salud, educación e igualdad entre el hombre y la mujer, se nos restringieron los derechos civiles, se nos anularon los derechos políticos, la libertad de elegir, de expresarnos libremente y nos divorciaron  de cuantos elementos externos pudieran  hacer despertarnos del letargo. Fueron auténticas Tácticas Fabianas que nos desgastaron y que cauterizaron en nuestras mentes la idea de lo que pudo ser una sociedad democrática que no llegó ni por asomo. Según fui aprendiendo y engordando del marxismo-leninísmo, no necesité saber lo que significaba la democracia y poco a poco “me radicalicé “. Yo también llegué a pensar como ellos, sí como la federada y como el joven comunista, porque fui parte de todo eso y no me avergüenzo, sencillamente no  tenía la oportunidad de ver más allá de mi nariz.
     Pero el tiempo es juicios y  todo lo pone en su lugar. Son momentos  innegables de grandes avances tecnológicos,  avances que nacieron del ingenio humano y  precisamente es el ingenio humano el que hace que los cubanos  salten los muros de la censura  y corrijan su destino, debilitando poco a poco al poder unitario y dejando que aflore la pluralidad y la convivencia.  Y lejos de diferenciar, de señalar y de reprochar al que piensa diferente,  hay que tratar de llevar el cambio desde la razón y la concordia y pensar que los cubanos antes de liberarse de un régimen totalitario, primero tendrán que liberarse de sus viejas y arraigadas convicciones. Ignoramos muchas libertades democráticas, ignoramos hasta nuestros derechos humanos fundamentales porque nunca a nuestras manos llegaron de forma clara ni numerados. Tendremos que aprender a madurar, tendremos que alfabetizar nuestra cultura económica, aprender de leyes, de comercio, de política, perder el miedo y reclamar derechos y solo entonces cuanto estemos preparados y educados para salir del subdesarrollo social, sabremos el poder que tenemos como pueblo y como masas para triunfar.
  
   -.Emnis Campos Calzado