martes, 29 de septiembre de 2015

"En la zona de confort"


Nuestra zona de confort a veces es el lugar perfecto para aburrirnos y no hacer nada. Aún si estamos cómodos con todo lo necesario para vivir, quedarse al margen se puede convertir en la rutina perfecta para desencadenar nuestra apatía hacia todo lo que nos rodea.
Hay personas tan metidas en su zona de confort, que experimentar aventuras les parecerá un drama y de ahí que cualquier gestión, por fácil que parezca, se convertirá en una tormenta dentro de un vaso de agua.
Si te quedas estático ante las adversidad o si simplemente te apartas para librarte de ella, te transformarás en un ser solitario e ignorante de todo y , llegará el momento en que sentirás que tu zona de confort se reducirá y todo cuanto tenías dentro, te parecerá pequeño. El estar cómodo en tu zona de confort no implica que no te expandas; tienes que confiar en tu intuición y avanzar, de lo contrario serás siempre un inadaptado y solitario ser al borde la vida, esperando el devenir de la muerte.
Recomendarte a que asumas riesgos es coherente. Todo aquello que te limite a descubrir lo que hay más allá de tu área de seguridad, te estará mutilando tu realización personal. El saltar hacia lo desconocido te hará caer, pero a menos que haya un fracaso total, aprenderás a levantarte y caminar, forjar tus experiencias y volar. Te enseñará que fuera de tu zona de confort, hay en todos los aspectos de tu vida, algo más que fortalecerá tu autoestima y al mismo tiempo tu felicidad.


-.Emnis.

jueves, 24 de septiembre de 2015

"Diario de una opinión muy personal"


 Yo creo que no existe un cubano sobre la faz de la tierra que al encontrarse con un extranjero, éste  no le pregunte sobre Cuba y Fidel. Se ha convertido en pregunta casi obligatoria. Es como una especie de turismo virtual de primera mano. A mi me pasa todo el tiempo. Pierdo la cuenta de las veces que mis pacientes me preguntan sobre mi país, pero prima más la pregunta sobre: Si tengo la certeza de que Fidel está vivo o sobre mi opinión de qué pasará en Cuba cuando los "Castros" dejen de existir. Entonces llega el momento resumen de contar en breves palabras lo que tanto desean saber, y sin remedios mutilo la mayor parte de la historia porque creo que no van a entender del cuento ni la mitad.
    He llegado a la conclusión de que la mayoría que pregunta sobre mi país están más interesados en el tema político que en cualquier otra cosa. Creo que buscan esa opinión especialmente personalizada del nativo, de ese que viene de allí y que sabe supuestamente toda la verdad de punta a cabo.
   En diciembre regresé de visitar a mi familia, exactamente cinco días después de que Raúl Castro anunciara al país y al mundo el inicio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos de América. Desde entonces ya nadie me pregunta por Fidel;  ahora la pregunta clave ha sido:
- ¿ Y qué, ha mejorado algo en Cuba ahora que han cambiado las relaciones con los americanos ?
Voy a pensar que se refieren a qué pensamos los cubanos sobre estas nuevas propuestas y aperturas y no sobre si ya hay mejorías, avances y armonía en tan breve período de tiempo.
   Al principio me resultaba un poco chocante la pregunta. Tal parece como si la mayoría de la gente que está fuera de Cuba pensara que hay como una especie de muro de Berlín  entre La Florida y La Habana, y que se ha caído, que ahora todos podemos pasar de un lado a otro sin problemas, y que se acabó la miseria, y que ahora existe una especie de puente al estilo Brooklyn desde Miami hasta el Morro de la Habana por donde circulan los dólares de una lado a otro, y la gente va y vine cargada de cosa, y los empresarios llegan  con planos sobre los hombros para cambiar media isla en un santiamén. Y no es así. La realidad virtual está muy lejos de cualquier realidad nacional.
    Aunque el mundo siempre se divide por todos lados y las opiniones no cejan de ser buenas o malas, a favor o en contra, yo tengo mi opinión muy personal, y aunque no vivo ya en Cuba desde hace siete años, allí nací, crecí, estudié, trabajé y vuelvo cuando quiero para visitar a la familia, sé de lo que hablo.
    Pasaron cuatro años desde la última vez que regresé a Cuba y lo que encontré tiempo después fue a un  pueblo aún más raído, generalmente más empobrecido y desconcertado. No voy a generalizar, hablo exclusivamente de lo que a mi entorno concierne. Cuando llegué a mi cuidad natal, estaba más fea y destrozada que cuando la vi por última vez, pero estaba aún más fea y destrozada que hace diez años y mucho más fea y destartalada que hace veinte años; porque hace treinta años, mi pueblo, ese de Mayarí que yo conozco, no estaba así. Los mayariceros saben de lo que hablo, aquel vallecito florido de toda la vida no se parece ni de cerca a lo que era antes. Contradictorio, porque las comunidades humanas generalmente se desarrollan con el paso del tiempo. Es verdad que con los años las cosas envejecen, pero se ponen interesantes;  pero en mi pueblo, el desarrollo se paralizó, toda transformación ha sido aún más decadente; a excepción de algunos proyectos en concretos que no sé si han sido para mejoría o para empeorar situaciones, como el enorme embalse conocido como La presa de los melones,  que es como una especie de aneurisma dilatada en la arteria del que fuese el caudaloso río de Mayarí y al que le disminuyeron su caudal para engordar aún más a la vieja y reformada represa y que como consecuencia  hoy el río languidece como un simple arroyo  cimarrón prácticamente de aguas negras, mientras que la nueva represa sepultó bajo metros y metros cúbicos de agua, algún que otro pueblito de la campiña oriental por las tierras la sierra de Mayarí, eso por poner un ejemplo; y porque no hay una nueva construcción que sea digna de decir ¡Oh wuao!
Todo se ha quedado en los mediocres formatos cuadrados y desazonados  de la era socialista.
      Por otro lado desde aquí puedo responder a la ya histórica pregunta de que "si Fidel Castro está vivo":
 - ¡ SI, FIDEL CASTRO ESTÁ VIVO! hasta el momento en el que escribo esto vive; vive su senilidad en privilegio como cualquier mandatario retirado, vamos que de eso no hay dudas. Además lo dicen los periódicos, sale en la televisión de manera fugaz y asocian los diarios del día con cualquier noticia y su imagen como acta de no defunción. Así que está viejito, encorvado, lúcido y VIVO.
   Ahora bien, con respecto a Cuba les puedo asegurar  que de aquella revolución narcisista con la que crecí y viví toda mi vida hasta ahora, ya va quedando muy poco, se nota en el estrés social. Ya casi nadie se mira en aquel espejo televisivo de toda la vida, que por cierto, sigue anclado en el mismo lugar de hace quince años, he aquí una muestra de ahora diciembre de 2014,


con la diferencia de que ahora en casa, podemos ver el color de la corbata de Randy, "el eterno moderador", y todo gracias al nuevo televisor que le regalé a mi mamá; el que había antes empezaba a verse morado y como ruso al fin, tenía los colores alterados, todo el mundo en la tele se veía rosado. Ja, ja, ja, ja.
   Aquellos tiempos de cuando nos adjudicábamos el título de ser los mejores en casi todo, van desapareciendo. La autosuficiencia  creída de aquel sistema es hoy una mera utopía y el perpetuo socialismo, definitivamente va caducando junto con la generación que lo creó, y que ahora es el calendario de la vida quien se encarga de llevarla al borde de la extinción.
    Las nuevas generaciones se van alejando de todo marco unitario y de los patrones marxistas que se destiñen lentamente y  que pasarán al recuerdo inevitable de una época que se torna muy vintage. Los vicarios del régimen se van acotando y los verdaderos revolucionarios del futuro llegan implacable con nuevas y renovadoras ideas. Aquella adhesión plena  de los seguidores del Partido Comunista al marxismo-leninismo como un matrimonio casi católico entre el y todas sus doctrinas se desvanece, y preparan  poco a poco los papeles de divorcio; es solo cuestión de tiempo que se haga legal la ansiada ruptura. La mala convivencia, la falta de libertad, la desconfianza, y la rutina matan cualquier amor incondicional cuando se sobrecarga de promesas que nunca se cumplieron.

  Con la ineficiencia, las mentiras, la falta de libertad de expresión y la extinta democracia, es difícil estar bien con Dios y con el Diablo. Al muro comunista le han empezado a salir grietas, el pueblo se sacude su inconformidad y muchos han comenzado a librarse del silencio. A la vieja guardia ya le espera la extinción y ante la evolución, es difícil controlar las críticas. Los móviles e internet ahora son el mayor agujero por donde se les escapa la información, y ya es una  media realidad. El control que tenían sobre nosotros desde hace medio siglo, se tambalea y caerá definitivamente como La Torre de Babel. Es cuestión del tiempo que todo lo puede.

   Fidel Castro jamás será beatificado, así que es cuestión de tiempo que todos aquellos que creyeron en él y en su eterno discurso, se busquen otros ídolos.
  La perspectiva que tengo de la Cuba de hoy, es de un pueblo que se pasea por los bordes escarpados de la apocalipsis, tratando de medrar por un futuro que le puede salvar, pero que con el miedo al miedo que provoca el cambio, no se atreven a saltar. Todo fin nos lleva a un nuevo comienzo, pero ese punto de partida por ser desconocido se muestra miedoso, y quedarse del lado de acá, con la escasez racionada pero segura, con la educación  marxista pero gratis, con la salud quebrada pero universal para todos, es una opción de confort perfecta para el que no se acostó en otro colchón que no fuera el de aquel relleno de pajas, "es un decir".
   Mi pueblo, ese Vallecito Florido como se le conoce, "pero sin flores", me deprimió. Las calles rotas, algunas por reparaciones y proyectos de acueductos y otras porque hace más de 30 años que no se asfaltan y la delgada capa que separa al calzado de la tierra santa ha desaparecido. Se reconstruye a destajo, sin estética ni buen gusto. Los barrenderos se extinguieron y el polvo se ha fosilizado.  No hay estructura de mercado, ni siquiera  en el mercado negro, porque hoy te venden un trozo de queso agrio y mañana ya no lo tienen, se ha terminado. Y así pasa con todo lo que los cubanos sabemos que hay, de lo poco que dura y  de lo fácil que luego desaparece, pero este tema merece otro diario.
   Nuestra economía tocó fondo  allá por los ´90 y a partir de ahí muchos se empezaron a dar cuenta del enorme descalabro, de la endeble faceta de la dependencia que teníamos con la entonces Unión Soviética y comenzó así la era del descontento social y que ha perdurado en el tiempo. Un descontento que se va tornando intranquilo, pero que se aleja de cualquier debate político por pequeño que sea. En mi país de momento no se admiten más reclamos que no sea el que dicta la ley. Cualquier otra cosa que se salga del margen establecido es neutralizado como si de una mancha se tratase.
    Para los que crecieron entre la dictadura de Batista y la revolución, el tiempo solo existe hacia atrás , pero para los que germinan en esta era moderna, el tiempo es oro y no se puede perder ni un minuto mirando más hacia atrás cuando hay  tantas cosas que hacer y que cambiar en el futuro. Escucho que hoy  las consignas han ido bajando de tono, los reclamos  fervorosos ya no son de ¡Patria o Muerte! ni las medallas del triunfo son dedicadas a Fidel. El discurso político ya no es tan erudito ni apasionante, las cosas, como decimos nosotros, van cambiando de color. Mi país es una nación en ruinas, desbancado, endeudado, insuficiente, inmensamente rico en cultura, tradición y geografía, pero  que se viste de seda y lino blanco para tapar su empobrecida economía.
    Los cambios en Cuba vendrán, el mundo lo verá, es cuestión de tiempo, pero de mucho tiempo; mientras tanto hoy y ahora, salvo algunos cambios, todo sigue de igual a peor.

 -.Emnis Campos Calzado.

  

  

  

  
  
  
   

  
   

viernes, 11 de septiembre de 2015

"Mi reencuentro con Don Quijote de la Mancha"


Que alguien traslade las palabras de Cervantes al castellano moderno, eso no tiene precio.  La “Magnum Opus” de  Saavedra para tener más de 400 años aún se mantiene joven. Y como un bebé recién nacido  en pleno siglo XXI , en el mismísimo 2015, llega por fin a mis manos lo que yo pudiera decir, el diccionario real de la lengua española moderna de  Don Quijote de la Mancha.  Sentirme  ahora mismo tan cerca de esta obra maestra, es como volver a ser niña otra vez.  La primera vez fue fascinante, era de lectura obligatoria en la escuela, aún así ya me parecía fascinante.  En aquellos momentos entendí un poco la historia, gracias a nuestra profesora de literatura y español , que párrafo a párrafo nos fue destripando las locuras del quijote, mientras buscábamos en  el diccionario algunas que otras palabras que solo Cervantes entendía.  Pero aquella historia más allá de su famoso encabezado,  quedó como una nebulosa en mi cabeza y desapareció.  Años después, mientras ya trabajada en Cárdenas, estuve alquilada en una casa  donde había una caja llenita de libros viejos que guardaba la dueña. Yo no pedí permiso para mirar y  hurgué como una sabandija entre aquellos tomos y allí me encontré con el Quijote y  Sancho en  versión Castellana original, solo por el aspecto que tenía el libraco me emocioné y días después comencé a leerlo, pero el condenado era tan gordo y tan complicado, que lo dejé a un lado. A mi el español no se me daba nada mal, pero estaba a cien años luz de aquel lenguaje tan antiguo. Lo más cerca que estuve de un español nativo fue  de mi abuelo Avelino y encima hablaba gallego . Luego pedí comprárselo a la señora, pero me dijo que era de su difunto marido y que aunque ella no lo leería, tampoco lo vendería y lógico, una pieza como esa, vieja, bien vieja, empolvada y original, no tiene precio. Me quedé con las ganas.

Pero las señales se sucedieron después. Un día llegué a España, me compré un coche y una noche llegó mi esposo con un regalo para mí.

Un llavero, un llavero del que colgaba un sombrero típico manchego  y dentro de el a relieve El Quijote y Sancho Pansa. Y desde entonces hace ya cinco años que cuelga de mi llavero tan hidalgo caballero y su fiel escudero a los que cada día veo, cada día escucho y cada día me roza el muslo mientras conduzco, como diciendo:
-  Estamos aquí. ¿Os acordáis de mí?
Entonces, entre lectura y lectura, me encuentro con esta frase de Vargas Llosa que dice: “En la versión de Trapiello la obra de Cervantes  se ha rejuvenecido y actualizado, sin dejar de ser ella misma, poniéndose al alcance de muchos.”   Y ahí me incluí.

-. Emnis Campos Calzado. (E)

martes, 8 de septiembre de 2015

¿A quién le rezo yo?



No tengo ni la más mínima seguridad ni convicción de que existan los seres celestiales, menos de aquel que ascendió a los cielos para sentarse a la diestra del señor. Ni siquiera sé como podría definirme yo en estos momentos, porque pese a mi incredulidad para creer, muchas veces me he encontrado rezándole a todo dios por un motivo o por otro.
Tal vez sea una agnóstica débil, pero mi fuero interno más de una vez ha rechazado la idea de que los dioses existan.  Bien podría yo pertenecer al grupo de los teístas por esos momentos en los que invoco a las deidades  en mis prosas y  poemas pero no, lo hago por puro morbo literario; pienso en todo lo que escribo, pero no creo en todo lo que pienso.

He escuchado tantas veces decir que hay un Dios creador del cielo y de la tierra, que por lo menos debería de creer en él, pero no, no soy deísta y hasta que no lo vea con mis propios ojos, qué me van a contar los demás si para mi Abraham seguirá siendo un personaje más de una historia más que leí en un libro llamado Biblia. 
    De ahí que todas esas clasificaciones esotéricas terminadas en -ísmo, no me transmiten más que historia y curiosidad. Así que sí, soy una atea, una agnóstica que no cree ni descree la existencia de Dios, porque tengo la esperanza de un día ver esa señal de la que muchos hablan. Tantos millones de fieles no pueden estar equivocados, vamos creo yo. Pero mientras eso sucede, me adjudico aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente y eso me hace sentir mejor.
   Pero conociéndome como me conozco, bien podría encajar yo en un grupo muy original llamada la "rastawoman"  por lo que decía Bob Marley: "No tengo religión, soy lo que soy, soy un rastaman, entonces esto no es religión, esto es vida." Así que creo que tengo todos los ingredientes necesarios para ello, y aunque lo del estilo "Dreadlocks" o Rasta  no me mola mucho, con todo lo demás me identifico.
    A veces pienso que si Dios creó el universo a mi me mutaron en el trayecto. Yo no tuve la elección de escoger si quería ser o no ser creyente. Ni siquiera mi madre tuvo la opción de elegir, y eso que mi ascendencia genealógica es rica en injertos africanos y españoles;  pero mi catolicismo quedó varado en algún rincón de mi ADN y jamás se desarrolló. Como tampoco se desarrolló mi sincretismo, que desde que aprendí a escribir y comprender, fue sustituido por una doctrinas totalmente diferente y donde el bautizo fue a golpe de consignas, pañoletas y un juramento sobre una carátula muy Marxista-Leninista que nada tenía que ver con las sagradas escrituras. Una educación extremadamente laica  desde la A hasta la Z y no tuve la opción del alfa y el omega.
 
    Hoy, 30 años después, me veo en un campo totalmente desolado, con una crisis cultural  que remiendo a base de lecturas para poder entender  QUÉ FUE LO QUE ME PASÓ Y TRATAR DE PERDONAR A AQUEL QUE TUVO LA CULPA DE MI APÁTICA FE. 
   Me he sentado horas y horas hablando con mi madre del pasado, con mi abuelo, con mis tías, con los primos, con los vecinos, pero descubro en todos ellos una fe escondida, casi confundida, que me ha llevado a cuestionar si en realidad muchos de ellos saben qué significan sus credos y si su espíritu se identifican con eso en lo que realmente ellos dicen creer cien por ciento.  Quisiera descubrir el punto exacto donde perdimos esa práctica, porque en mis venas, corre sangre de mezcla africana de una negra llamada Catana que tal vez fuera Yoruba o Lucumí; a ella la arrancaron de raíz de aquella tierra africana donde seguro más de una vez bailó al son de unos tambores invocando a sus deidades de Ñañigo o Avacuá. Mi pelo aún es bien rizo, eso no lo perdí, pero todo lo demás, ¿a dónde fue a parar?
   Me vi creciendo en una época huérfana de toda libertad religiosa, donde hablar de la membrecía pentecostal era un tema prohibido. Nada en mi amplio programa estudiantil  abarcaba la rica historia  de una Cuba mixta, nacida del medioevo europeo, del palo monte africano o tocada por el vudú de mis vecinos haitianos, algunos enraizados muy  cerca del lugar donde nací. Me quedé con ganas de escuchar en la biblioteca de mi escuela una conferencia coherente sobre la diversidad de religiones existente en mi país, que son muchas; y no de sentir fastidio por el bautista, por el pentecostés, por el presbiteriano o por el metodista. A no rechazar al Testigo de jehová y a entender al luterano, al Musulmán, al Budista, al metodista, al anglicano, los mormones o al mismísimo cristiano.
 
    Por mucho que mire hacia atrás, no puedo dudar que tres décadas sumaron tiempo suficiente para mutilar cualquier nexo con mi libertad para decidir si mi dios era Elegguá, Changó o Yemayá. Fueron décadas de un riguroso ateísmo que me alejó de todo dios y me inculcó aquel sui géneris marxismo que hoy a cuarenta años de mi vida, me tiene discretamente intoxicada.
 Limpia de cualquier creencia e ideología, soy un mosaico étnico que no encuentra encajar más que en el grupo de los proscritos, de los que miramos al cielo y cerramos los ojos pidiendo misericordia a mi perro muerto, a mi abuela ausente o a la negra Catana ahora mismo aquí presente. 
 Fui proletaria, una más en aquel grupo del hombre nuevo, con una fe mutilada y apta para el partido que me ensambló en una sociedad que juro por tu Dios, nunca fue tan socialista. Con la fe ciega en una doctrina que jamás funcionó. Creyendo en la nada. Ignorando fechas, celebraciones y peregrinajes. Sustituyendo las efemérides de la república por el 1ro. de enero, las navidades, reyes  y año nuevo, por el triunfo revolucionario y tal vez el nacimiento de algún santo por aniversarios históricos de gestas, asaltos y desembarcos. Aún dudo si la masa de mi cerebro sigue siendo gris, porque de rojo bandera siempre se cubrió.
    Me es difícil a estas alturas de la vida, sentirme identificada con algo en lo que nunca he creído. Pero doy gracias  a todo aquel que invoque a su santo para mi redención. Amén.

   -.Emnis Campos Calzado. (E)