martes, 2 de septiembre de 2014

"La vida en un reloj de arena"


    Esa manera de medir el tiempo en pasado, me deprime. Contemos el tiempo en futuro para que no pase nunca, para que cada día que pase se recicle, porque cuando eso no sucede, entonces irremediablemente llega el pasado y con el, poco a poco el olvido.
    Aprendimos a diferenciar el nacimiento, de ahí que crezcamos tan de prisa. Vivimos la vida tan apurados, tan ansiosos, que las décadas se nos escapan con una prontitud asombrosa. ¿Cuál hubiese sido la realidad humana sin la cuenta atrás? Creo que viviríamos sorprendidos como perros, dándonos igual que pasen semanas o meses, la llegada de ese algo que queremos siempre nos haría saltar de alegrías como si fuera la primera vez, pero el ser humano cada vez quiere parecerse más a una máquina y menos a un perro. ¡Menuda lástima! Es inevitable no extrañar, somos el producto de ese tiempo calculado, vigilado a cuenta gotas para ver que pasa. También te extraño, y sé muy bien por qué me está costando escribir. Espero que ese implacable tiempo no se adueñe de la llama y nos deje apagados. No merecen nuestros cuerpos tan brutal destino.
    Tenemos una mezcla saturada de ganas, de historias, energía incompatible con otros, solo nuestra. Complicidad al borde de un abismo que solo nuestras ganas profanas pueden salvar. Misterio, clandestinidad, furtivismo, retos, sueños y deseos que jamás deberían de morir, porque un vez en las manos del olvido, no hay retorno para un comienzo. Estoy tratando de vivir con mi paralela realidad, pero veo que a momentos se me adelanta y esa Musa que vive años atrapada en mi cuerpo, se cansa, lentamente se cansa. Tal vez porque soy humana y no puedo ser un perro.

-.Emnis.